Encuentra la felicidad

La clave de la felicidad

Una subida salarial, la salud, más tiempo, unas vacaciones, una relación estable… no faltan motivos para traernos esta bendita felicidad, ¿verdad?

¡Y es que una subida salarial trae la felicidad!

¡La salud también!

¡Más tiempo también!

¡Unas vacaciones también!

¡Una relación estable también! 

Todas estas expectativas traen la felicidad cuando se cumplen.

Sin embargo, parece ser que los efectos de la felicidad se difuminan con el tiempo.

¿Por qué?

La felicidad tal como la solemos vivir depende de dos factores:

  1. La imagen feliz
  2. El momento presente

Por imagen feliz, me refiero a la imagen que asociamos a la felicidad. 

Si, por ejemplo, asocias una imagen y sensaciones a una subida salarial, lo más probable es que tu cerebro use esa imagen el día que te concedan el sueldo que andabas buscando.

Siguiendo con el ejemplo de la subida salarial, lo que ocurre es que un día nos despertamos con la sensación de merecer más cambio de nuestro trabajo. 

Incluso lo compartimos con compañeros que refuerzan nuestra sensación.

Nos ponemos a imaginar lo que sería nuestra vida con ese aumento de sueldo y de forma inconsciente, sembramos la imagen mental que asociamos al día de nuestro aumento salarial.

Con el tiempo, prestamos siempre más atención a este pensamiento (“me merezco una subida salarial”) y a la imagen feliz que le asociamos.  En paralelo, crece nuestro malestar porque… ¡seguimos cobrando igual!

Nos acercamos entonces al despacho de RRHH para pedir el aumento, justificando la petición con una multitud de argumentos.

Pero tardan en responder, lo que incrementa aun más nuestra sensación de malestar. 

Volvemos a recordar nuestra solicitud, una y otra vez hasta que… ¡nos concedan el aumento de sueldo!

Ese mismo día, cuando pasa la subida salarial a la realidad, tu cerebro se encarga en seguida de sustituir la realidad del momento por la imagen que construiste al proyectar el momento, y te regala un chute de dopamina que te transmite la felicidad instantánea.

Pasa unas semanas y efectivamente puedes llevar la vida que te estabas planteado.  Puedes comprar el coche que querías, llevar a tus hijos al cine o simplemente ahorrar para la casa de tus sueños.

  • Al comprar el coche te das cuenta de que te dan un plazo de 9 meses para la entrega.  Vuelves a proyectar una imagen feliz del día de la entrega, y “aguantas” hasta la fecha.  Y cuando llegue el momento… ¡otro chute de dopamina! 
  • Llevas a tus hijos al cine el finde… con toda la semana esperando a esta proyección de la felicidad que llegará el sábado.
  • Ahorras para la casa de tus sueños… que no parece llegar nunca: vaya frustración hasta alcanzar la imagen feliz de la casa

La distancia del momento

Siguiendo este modus operandi de la mente, cuánto más cerca estemos del momento en el cual se convierte nuestra expectativa en realidad, más feliz nos sentimos.

Igualmente, cuanto más tiempo pase después de la imagen feliz, más nos distanciamos de la felicidad (y seguramente habremos proyectado ya otra expectativa a la cual habremos asociado una nueva imagen feliz)

Esta forma de actuar nos lleva a experimentar la felicidad a ratos, y cada momento de felicidad parece ser distanciado por momentos de frustración hasta alcanzar nuestro próximo “hito de felicidad”.

El éxito de las redes sociales no es de extrañar entonces ya que se basan en entregar dopamina en intervalos los más reducidos posible.

Romper con el patrón habitual

¿Se puede experimentar la felicidad constantemente?

La respuesta es sí, pero requiere entender cómo funcionamos.

Primero, ten en cuenta que felicidad y frustración son dos caras de la misma moneda.  No puedes sentir felicidad y frustración a la vez.

Partiendo de allí, la felicidad no tiene por qué ser asociada al cumplimiento de una imagen feliz.

En cuanto proyectes una imagen feliz, vas creando expectativas.  Y esta misma expectativa es la que te genera frustración (ya que todavía no has alcanzado la imagen asociada a la felicidad).

Ahora, lo más interesante es la relación entre felicidad y frustración…

Al igual que proyectas imágenes felices respecto a tus expectativas, vas proyectando imágenes mentales de la frustración.

¿Cuántas personas no se autorizaron a volver a ser felices tras pasar por situaciones socialmente frustrantes como la pérdida de un ser cercano, de un trabajo, una ruptura, …? 

En definitiva, nuestras construcciones mentales son las que nos mantienen con la ilusión de la felicidad o de la frustración.  Pero la realidad es otra… puedes experimentar la felicidad en todo momento, incluso en los momentos más retadores de tu vida.

Más que de felicidad, se hablaría de bienestar.

En vez de experimentar la felicidad solamente en un momento concreto, ¿qué tal fijarte en el presente más que en tus expectativas?

No puedes controlar el futuro.  Tus expectativas solo pueden ser motivos de frustración, como lo hemos visto anteriormente.

Al eliminar las expectativas, eliminas la frustración que las acompaña.

Y al eliminar toda proyección de frustración, eliminas la misma sensación el día que ocurra un acontecimiento retador.

No recomiendo aquí que vivas solamente el presente sin tener ningún plan para mañana.  Tampoco insinúo que la pérdida de alguien cercano nos dispare un chute de felicidad. 

Indico simplemente que tu felicidad depende de tu consciencia:

  • La consciencia de que tu no piensas: piensa tu cerebro y eres el único responsable de prestar más o menos atención a los pensamientos que genera;
  • La consciencia de que, aunque tener planes a futuro pueda ser una fuente de motivación, tener expectativas solo te llevará al sufrimiento, por muy alegres que sean las expectativas
  • El único momento en el cual puedes influir verdaderamente es el presente: ¡una ventana temporal de unos 3 segundos!

La clave de la felicidad constante está en el presente, en aceptar la realidad tal como es y no como te gustaría que fuera. 

Préstale atención al presente y sobre todo a los pensamientos que genera tu cerebro. Cuánto más consciente seas de los pensamientos de tu cerebro, más sabrás cómo gestionarlos.

¿Sabías que…?

  • De toda la realidad que te rodea ahora mismo, tus sentidos son capaces de captar solo un 5%?
  • De todo lo que captan tus sentidos, eres consciente de solo un 10%.  El resto se queda en tu mente subconsciente
  • Para enviar una información de tu mente subconsciente a consciente, tu cerebro se basa en los pensamientos a los cuales prestas más atención. 

Tus pensamientos y las ideas que le asocias simplemente no corresponden a la realidad.     

¿Ahora qué?

Te planteo un experimento sencillo. Estés donde estés, observa los pensamientos de tu cerebro ahora mismo.

¿Ya tienes un pensamiento?

Ahora, cómo te hace sentirte este pensamiento (recuerda: “bien”, “mal” o “regular” no son emociones…)

Por último, hazte la siguiente pregunta:

“Quiero que este pensamiento haga parte de mi realidad”?

Si la respuesta es “sí”, puede dedicarle toda la atención que quieras, pero si la respuesta es “no”, pon el foco en otra cosa. Mira un mueble que tienes al lado, por la ventana, o cualquier persona, lugar, animal o cosa que te genere otro pensamiento.  Y desde allí puedes seguir el mismo procedimiento para cualquier pensamiento.

Obviamente no podrás hacerlo con todos los pensamientos que genere tu cerebro, pero sí podrás hacerlo en cualquier situación de malestar.  Repito el procedimiento:

  1. Identifica una situación de malestar
  2. Identifica al pensamiento que genera este malestar
  3. Pregúntate si este pensamiento te sirve o no
    • ¿Te sirve?
      • Abraza al pensamiento, la idea que le asocias y la creencia que tienes al respecto
    • ¿No te sirve?
      • Pon el foco en otra cosa

Tu felicidad no depende de la consecución de tus expectativas… depende solamente de tu relación con el presente.

¿Tienes dudas, preguntas o simplemente quieres indagar acerca de tu felicidad?

Te invito a comentar o incluso a reservar tu primera sesión conmigo.

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